LANGREO, PIONEROS AL USAR AGUAS DEL SUBSUELO, EN LA INDUSTRIA

 

En el año 1940, la Empresa V. Zubizarreta e hijos, consiguió contrato para construir la Central Térmica de Lada. Otras tres o cuatro empresas intervinieron en las obras.

El lugar escogido para realizar los trabajos fueron unos terrenos en el margen derecho del río Nalón y a la izquierda de la vía de RENFE, en el barrio felguerino del "Molín del Sutu".

Esta construcción "rompía" con los esquemas y medios que, al menos los Zubizarreta, habían empleado hasta entonces. Téngase también en cuenta, la fecha en que se comenzaron las obras. Fue necesario realizar una gran excavación, hasta dos metros por debajo del lecho del río, lugar en donde habría que "levantar" las naves de calderas y tolvas, así como la nave de turbinas. Las tierras, cantos rodados en su mayoría, se subían por un pequeño plano inclinado en unas vagonetas izadas por un cabestrante. Las vagonetas eran vaciadas, 300 metros más adelante, al río. Estos trabajos los realizaban muchos obreros, también mujeres, con gran esfuerzo físico.

Después del primer año la Sociedad Promotora nombró director de todas las obras a un joven ingeniero, el señor Majano, para que mantuviese la planificación y coordinación de los trabajos. El tiempo iba transcurriendo y la ya fijada fecha de inauguración, que parecía al principio lejana, se acercaba inexorable. A parte de su continua presencia, el ingeniero, en lugar a cubierto, reunía todos los martes a las tres de la tarde, a los responsables de las constructoras, señalando les uno a uno, sus retrasos y exhortándoles a recuperar el tiempo, ya que el día de la puesta en marcha era inamovible.

Cierto martes, unos cinco meses antes del "día final", "leyó la cartilla" a todos; Mariano de V. Zubizarreta, se llevó lo suyo.  A la salida, el señor Majano cogió a Mariano del brazo y le condujo al lugar extremo de las obras, río abajo. Las naves ya estaban levantadas y en casi todo el perímetro el talud había sido rellenado contra las paredes de las edificaciones, p... exactamente en el extremo citado, la excavación seguía sin rellenar, y en el fondo "destacaba" un pozo con aguas malolientes. Con unas algas putrefactas, ya que llevaban más de un año allí estancadas.

"Mariano hace 21 días prometió usted que esto desaparecería de la vista" dijo el ingeniero y añadió: "Vienen ahora visitas importantes y produce muy mal efecto". Mariano no pudo negarlo. Dando por terminada la regañina siguió hablando, animándole a llegar al objetivo final; luego le hizo una confidencia: "Vaya problema que se nos presentó a nosotros; hace un mes hicimos la solicitud al Ayuntamiento de la acometida de agua no sólo para los servicios higiénicos sino para el circuito del vapor de las calderas; un  número de metros cúbicos diarios de bastante consideración. Contestaron a esta solicitud que en el invierno sí, pero que en el verano la traída del Raigoso, no se lo puede permitir". Poco después, el ingeniero y Mariano se despidieron. Ya era tarde así que Mariano se dirigió hasta el coche Citröen color verde de dos plazas. Éste tenía, detrás del habitáculo, una puerta horizontal que, al levantarla, permitía otras dos plazas de viajeros a la intemperie. Allí le esperaba su hermano Ángel y Laureano Izquierdo, el ferrallista jefe. En este vehículo, todos los días laborables, por la tarde, venían los dos hermanos desde Oviedo y allí regresaban al finalizar el día. Por las mañanas controlaban otras obras en la capital.

Durante el viaje Mariano, taciturno, ni hablaba ni escuchaba las novedades de aquella jornada de trabajo que le transmitía su hermano.

 "¿Qué te pasa?" preguntó éste. "Vaya bronca que nos echó el ingeniero; tiene razón, teníamos que haber rellenado el pozo". Se repuchó Ángel: "Habíamos quedado que nos convenía ir rellenándolo con los escombros diarios de la obra". "Sí, pero hay que hacerlo ya, el señor Majano tiene muchos problemas y no debemos aumentarlos". Luego, ya aliviado, le contó la confidencia sobre el agua que el ingeniero había hecho.

 "Agua, agua" dijo Ángel. "Sí, agua necesitan agua para generar vapor en las calderas", contestó Mariano.

"Oye Mariano, te estás olvidando de que ese, hoy pozo maloliente, es donde tuvimos las bombas de achique; te olvidas de las averías; te olvidas que cuando el río Nalón bajaba crecido, no bastaban las veinticuatro horas del día para achicar y te olvidas de los días que no se pudo entrar a trabajar".

"No y que..." respondió Mariano, pero comprendiendo en el momento lo que intentaba decir su hermano, añadió: "¿Crees que servirán?" Las aguas del río Nalón "bajan negras", pero en la excavación, a sólo treinta metros de la orilla, filtradas de forma prodigiosa, surgían cristalinas.

"En el verano, al finalizar los trabajos, menudos "números", vaya juergas que se traían ellas y ellos, lavándose medio desnudos en los chorros de agua de las bombas. Creo que hasta se la bebían" dijo Ángel.

Entre tanto el coche había avanzado y, poco después de incorporarse a la carretera que subía desde Veguín, en la que viene de Mieres, en unas casas que hay en la parte alta del "Calderu" se detenían para que bajase Laureano que allí vivía. "Laureano" llamó Mariano: "Mañana dígale a Jesús (el encargado)...". Interrumpió Ángel: "Mañana no coja el "Carbonero"; le recogeré yo a las siete y cuarto; organizaré con Jesús la limpieza del pozo, recuperando su profundidad le instalaremos la bomba pequeña; Mariano, si no te importa coges el "Carbonero" de las dos hasta La Felguera.

Al llegar Mariano al día siguiente a la obra, todo estaba listo; un pozo de agua limpia de más de un metro de profundidad y una bomba instalada achicando agua hacia unos tubos de uralita que la vertían al río.

 "Ángel vete a portería y que avisen al señor Majano para que venga".

 Al cabo de cierto tiempo llegó éste. "Qué es lo que quiere " preguntó.

 "Aquí tiene agua". "Qué quiere decir"; luego comprendiendo añadió:"¿Usted cree que servirá?". "¿Habrá suficiente durante el estiaje?"

"Durante las excavaciones no hubo un solo día en que no tuviese que achicar muchos metros cúbicos" respondió Ángel. "Mandaré al laboratorio que analice estas aguas" dijo el señor Majano, marchándose poco después.

El martes siguiente, el ingeniero entregó unos planos constructivos a Mariano. "Vaya si sirven". "Hay que profundizar y hacer mayor el pozo, luego rellenar con grava medio metro y construir un cuartucho para las bombas, que ya encargaremos y que levantarán el agua a cuarenta metros. Sobre el techo de la caja de escalera hay que construir un depósito de 5x3x1. El señor Fontán (el arquitecto de Bilbao) comprobó que los pilares soportarán la sobrecarga". Un gran problema surgido por imprevisión, resuelto felizmente.