LA PROMOCIÓN DE LOS PICOS DE EUROPA, EMPRESA INAPLAZABLE

Sobre el tema de la ponencia de hoy que voy a defender, escribí en alguna ocasión; me aplicaron por ello el adjetivo "entusiasta". Debo de serlo, ya que a pesar  de darme cuenta de mi absoluta falta de preparación para leer en público, estoy aquí.

 Ha llegado la hora al turismo de montaña. Entendemos que los Picos de Europa, conjunto geológicamente independiente y de una orografía increíble, están llamados a ocupar lugares preferentes.

Sobre ellos existe un vasto plan de promoción interprovincial, en el que mi proyecto tiene cabida, como parte de un todo. Me concretaré a él.

El río Duje, formando una interesante cañada, y el Cares, dividen los Picos de Europa en tres macizos.

En Poncebos, el Duje confluye en el río Cares; en la orilla derecha del Duje está el Macizo Oriental; en la izquierda del Cares, el Occidental; la Peña Maín, bañada por la izquierda del primero y la derecha del segundo, pertenece al Macizo Central.

Evidentemente, Poncebos es el centro neurálgico de los Picos de Europa.

Se llega allí por unas estrechas carreteras, distando 45 kilómetros de Arriondas; 35 de Posada de LLanes, ambas villas en la carretera general del norte de España; llegando desde Panes, la distancia es de 25 kilómetros.

El acercamiento no puede ser más fácil. Más adelante veremos por qué. A pesar de ello, la utilización de ese acceso para subir a los Picos es poco frecuente.

Desde Poncebos parte una carreterita por la cañada del Duje que nos lleva a los pueblos de Tielve y Sotres. Es un hermoso encuadre de cumbres. Los montañeros arrancan de esta base para subir a los puertos de Pandébano y Áliva y algunas cimas del oriental.

El montañero es un deportista integral que añada al binomio educación-sensibilidad, el ser sufrido y tener buenas condiciones: corazón, pulmones y piernas, el deporte que practica es ideal, pues mantiene en forma hasta muy avanzada edad y equilibra conjuntamente el cuerpo y el espíritu. En definitiva, es digno ejemplo a seguir.

Así como educación-sensibilidad, afortunadamente es muy frecuente, a partir de los 25 años, el segundo factor brilla por su ausencia.

Las instalaciones que proponemos serán de gran utilidad a los montañeros, pero sin perder de vista que deben ser un factor importante en el desarrollo turístico del norte de España. Pretenden, primordialmente, animar a los jóvenes no deportistas, y a sus padres que al tiempo que hacen ejercicio se den cuenta de que sus hijos pueden adquirir en la montaña, valores humanos, absolutamente necesarios.

Regresemos a Poncebos. Una descarnada carretera de un kilómetro, río Cares arriba, nos sitúa en el puente de La Jaya, enclave de excepcional importancia.

Desde aquí arrancan dos sendas decisivas; una busca resueltamente llegar a Los Collados, en el Macizo Occidental, vence de entrada 300 metros de nivel, y tras perder a continuación 80 metros se transforma en la horizontal, amplia y maravillosa Senda del Cares, muy renombrada y bastante recorrida.

No creo que deba considerarse como tal montaña, sino un ente aparte. Es una sinfonía de Wagner, plasmada en roca; turísticamente supera todo lo imaginable. Puede conocerse en invierno, con buen tiempo, con niebla, lluvia o nieve.

Tiene diez kilómetros de longitud y en cada recodo se observan variaciones sobre el tema de la verticalidad. Muchos días, en que las inclemencias del tiempo nos impiden subir a los puertos de arriba, contentaremos en ella a nuestros visitantes ya que, amparándose en este o aquel rincón, en algunos de sus muchos túneles, en metros y metros de marquesinas, de roca viva, encontrarán cobijo y avanzarán a impulsos, disfrutando de esta bella novedad.

Situémonos de nuevo en  el puente de La Jaya que cruzamos. Por otra estupenda cañada, baja desde el próximo, pero de momento oculto, Naranjo, el río Bulnes. Por ella, se sube a Bulnes pueblo, Amuesa, Camburero, Vega de Uriello, lugares donde volvemos a encontrar el horizonte. Son bastantes buenos caminos, pero como el puente de La Jaya está en la cota 240, ocurre que para ponernos al mismo nivel que las otras vías de acceso hay que vencer 850 metros, resultando un imposible para la mayoría y los mismos montañeros, sobre todo, desde hace cinco años, la eluden, pues el esfuerzo necesario para superar este gran handicap, resta energías y tiempo en el logro específico de las cumbres.

El escritor Forester, maestro de las novelas de acción en el mar, creó en el capitán de la Armada Inglesa Hornblower, un insólito personaje.

Estando prisionero en Rosas, un anochecer siente el ruido lejano de cañones, algo después el vibrar de los de la fortaleza donde le retienen.

Excitadísimo golpea la puerta de su encierro, hasta que acude el guardián: ¡avise al oficial!, le exige. Viene éste indignado, evidentemente en aquellos momentos, su puesto no es allí. ¿Qué desea usted? ¡Quiero ver! y da a estas dos palabras tal entonación que el oficial francés tras tomarle palabra de honor, de no usar con otro fin este privilegio, permite a nuestro buen capitán contemplar desde los bastiones, la batalla naval-terrestre que se libra. Admitamos que los miles y miles de personas que llegan a Poncebos no saben qué hacer, limitándose a cortos paseos; son más pacíficos y mucho más tranquilos.

No se desea ni se ama lo que no se conoce. Hay que conseguir ¡qué vean!; enfrentarlos con una naturaleza asombrosa; inquietar sus espíritus y sacarles de su pasividad.

Mañana, Dios mediante, estaremos en el puente de La Jaya. Les será fácil entender el porqué de ocultar el ascensor en un pozo de la roca, para subir a Los Collados, en el macizo occidental. Por qué procuraremos que las estaciones del telecabina y transbordador sean semi-ocultas; porque recurriremos a cables de gran longitud, y cabinas pintadas de gris caliza para ganar 850 metros de altura y llegar a Amuesa, que está en el Macizo Central y es un puerto de montaña, una terraza intermedia, un descanso de la roca tras subir verticalmente desde el lecho del río.

Una vez allí, mejoraremos el camino que emplean los pastores, para ir a Camburero. La vista desde este emplazamiento del Naranjo de Bulnes es sensacional. Todo ello exige caminar ida y vuelta seis kilómetros horizontales.

Trataremos otra senda de dos kilómetros, atravesando un monte de grandes hayas que nos llevan a un crestón desde donde se divisan muchas cumbres del Macizo Occidental, el entrañable pueblo de Caín y, muy en lo profundo, la senda del Cares, entramos salteados.

Desde este crestón debe arrancar el transbordador que, por encima de la "garganta divina" con un vacío de más de mil metros, nos transporta a Cabeza Llambría, en el Macizo Occidental a 1.600 metros de altitud, próximo al puertín de Ario, sancta sanctorum de los Picos. Desde Ario hay un buen camino, de ocho o nueve kilómetros, en los que se pierden 550 metros de diferencia de nivel con el Lago de la Ercina, a donde llega la carretera.

Toda la amplísima zona que queda a la derecha de esta senda, aunque pertenece desde luego al Macizo Occidental tiene mucho más parecido con los montes de la Cordillera Cantábrica que con las cimas de "caliza encrespada" que caracteriza y distingue nuestros Picos. Abundan aquí las majadas, placenteras praderas entre las rocas, sendas y algunas buenas fuentes, sus cumbres redondeadas tienen una altura máxima de 1.700 metros. Disponemos, por lo tanto, de una mini montaña, ideal para vivir en la naturaleza, a los pies y a la vista de las hermosascumbres mayores

 

Dadas las apreturas de Poncebos, el aparcamiento es su mayor problema. Un muro de mampostería a lo largo de 1.00 metros de la descarnada carretera ya citada; unas voladuras en la ladera para las piedra del muro y relleno, nos permitirá colocar en batería, longitudinalmente y en la parte exterior, 400 coches, y en los sitios más favorables, autobuses.

 

Tengo fe en que se cree en los Picos un clima de expectación e interés así que se prevé en Soto de Cangas, un gran aparcamiento. Se aconsejará la que llamamos ruta "desde el cielo a Covadonga", que vamos a desarrollar aun repitiendo algo de lo ya expuesto: autobuses en la disciplina del complejo nos llevarán al puente de La Jaya; subamos el ascensor a Los Collados, cojamos el telecabinas a Amuesa, avanzamos encantados por el bosque de hayas, cruzamos en el transbordador, disfrutemos de Ario hasta que empiece la tarde, luego pian pianito (esta marcha es posible para personas de diez a sesenta años) llegaremos a la Ercina, donde nos recogen y dejan de nuevo en Soto.

 

Quizás las piernas estén cansadas pero no habremos sometido el "fuelle" a trabajos que en bastantes casos pueden ser peligrosos. Estamos seguros que en la visita inmediata a la Santina notaremos un fervor, un algo más vivo que en otras ocasiones.

 

Si nos conducen a Fuente Dé, que es el mejor medio de llegar al Naranjo de Bulnes, pueden recogernos en La Jaya, descendiendo en el telecabina y el ascensor; daremos un deseadísimo descanso a nuestras piernas al evitarlas la dura canal de Balcosín.

 

Balcosín y en general todas las canales de los Picos es la normal vía de acceso a los puertos y las bases de las cumbres. Tienen una pendiente aproximada del 60% de nivel de equilibrio de la roca suelta. Las sendas existentes que aprovechamos y las que trazaremos tienen el 6%, claro está que con algún repecho, pero en seguida partes suaves.

 

Sinceramente, creemos que apoyándose en los tres medios mecánicos y en un poco de esfuerzo, penetremos en lugares de excepcional belleza y grandiosidad que atraerán a numerosísimos europeos adictos a la montaña y que las agencias turísticas recibirán con satisfacción este centro nuevo y tan distinto que se puede afirmar que el esquiador del cantar que después de subir un monte vio otro igual. ¡No estaba en los Picos de Europa!