ANGUSTIOSA ARRIBADA

 

“Es demasiado aburrido seguir y seguir la huella", así que generalmente, cuando viajo solo, recojo a los autoestopistas.

Ya sé, ya sé, que en ocasiones, han asaltado a los conductores; otras en las que al producirse un accidente, trajeron enormes "quebraderos " de cabeza al conductor; pero en la vida y más concretamente en la carretera está uno, tan inevitablemente expuesto a riesgos que suelo "pasar por alto" esos inconvenientes: No me va. Además acompañan y si es necesario ayudan.

Vayamos "al grano". Situémonos en una mañana lluviosa y ventosa de un lunes de abril.

Había madrugado para viajar a incorporarme a mi trabajo, en los Astilleros de la Empresa Bazán de El Ferrol. El temporal arreciaba tanto, que al pasar por Mondoñedo, pensando en lo "duro" que estaría el puerto de la Xesta, estuve a punto de detenerme; finalmente proseguí.

Arrimado a un árbol para protegerse de las ráfagas, un "chavalón" me hizo "la seña".

Detuve el coche. " Puede llevarme hasta Abadín" me dijo." Sí, claro. Sube" respondí.

Se sentó a mi lado y con su llegada se "esfumaron" mis recelos del temporal. Pasados unos minutos abrí la conversación: ¿En qué trabajas?" pregunté. "Soy pescador. Desembarcamos esta mañana en Foz" respondió. "¿A qué andáis ahora?" inquirí. "A bonito" contestó.

Tuve la impresión de que no estaba el hombre para conversación. No era mucha la distancia, en que viajaríamos juntos; si hubiese manifestado otra profesión, no habría insistido pero... el oficio de pescador tiene para mí una mágica atracción.

"¿Qué tal se os dio la pesca? " pregunté. "Casi no pescamos, tuvimos que regresar de arribada, huyendo de la galerna" contestó.

La galerna! ¡Claro! "Terrestre de perrona" me increpé. Llevaba dos días "rodeado" de signos externos evidentes, sin saber interpretarlos.

La mañana del domingo había estado con la familia en San Juan de Nieva, íbamos hacia el espigón de la entrada a la ría de Avilés. El fuerte viento nos hizo "batirnos en retirada". Además la lluvia y el viento de hoy...

Hice a mi acompañante muchas preguntas. Ésta es, en esencia, la historia:

"Estábamos pescando al Norte de "los soles", cerca de Irlanda, el temporal nos llegó de repente. Emprendimos el regreso; las embarcaciones íbamos en grupos, dispuestas a ayudarnos unas a otras si surge un percance.  El patrón va con el timonel, los demás estamos abajo en el camarote, tumbados en las colchonetas, pero agarrados, sin dormir, los golpes de mar son tremendas; el barco coge posturas increíbles; nuestro barco era de madera; vamos pensando: ¡Si se suelta una tabla! Se perdieron dos barcos."

“No sé si volveré a pescar. Se gana dinero pero...  se sufre demasiado".

Algunas de sus informaciones no fueron exactas. Por otra parte, estoy seguro que dos días más tarde salió a la Mar con sus compañeros para tratar de encontrar a los desaparecidos de la embarcación "López Suarias".

Reflexionemos juntos: ¡Cuarenta horas terribles, inevitables! huyendo lento hacia el Sur.

Respeto tus designios Naturaleza, pero pienso que sería justo poder dividir esas "pavorosas" 40 horas, en  2.400 fracciones  de un minuto y, en forma de "píldoras", poder repartirlas entre muchos ecologistas extremosos.

Llegamos a Abadín. "Baje a tomar algo" ofreció mi amigo. "No puedo, quizá otro día" contesté. "¿Cómo te llamas?" pregunté. "José", contestó.

Nos estrechamos las manos fuertemente y en aquel apretón quise expresarles: hermandad, emoción, amor.

                        

  El Ferrol, 1972